Un día de 2012 me dije: «Todo
está perdido». Me di cuenta de que no tenía flechas para tantas dianas. Otro
día, dos años y pico después (soy de proceso lento), pensé para mí: «¿Y lo bien
que me lo paso?». Así que, ni corto ni perezoso (bueno, un poco perezoso sí),
me he liado la manta a la cabeza y, arco en ristre, vuelvo a volver… Sí, tal
como antecede lo digo, en arte de imitatio,
y en honor de cuantos en los medios masivos masivamente sueltan que el partido se vuelve a reanudar, o que tal o cual
película se vuelve a reestrenar, o
que cierta tendencia vuelve a renacer,
o que el artista fulano vuelve a
reinventarse… Con lo sencillito que es a veces nuestro idioma, que se
reanuda, se reestrena, renace y se reinventa sin más, sin rodeos ni redundancias
ni requeterrés reduplicados… ¿Pleonasmo dice usted, señora? Más a metáfora me
suena… Metáfora de pobreza idiomática, de preparación escasa, de periodismo
deslenguado. Pero por esto mismo hemos vuelto: para volver a volver y, si me
apuran, a revolver.
jueves, 11 de diciembre de 2014
miércoles, 15 de febrero de 2012
LOS SÁNCHECES…
Y, como quien dice, los Gómeces, los Péreces, los Gonzáleces… ¿Verdad que suenan como el culo? Y todo porque resulta que, en español, cuando hablamos de un linaje, un clan o una familia cuyo apellido termina en consonante –salvo alguna excepción que seguramente habrá para joderme–, éste no se pluraliza. Aunque tampoco me acaban de convencer, acaso los vocálicos Garcías, Mirandas o Condes aparecerían como correctos y presentables al oído; pero, desde luego, no los Martíneces, que serían los Martínez, tan singulares como lo son los Gómez, los Pérez y los González. En cambio, en el inglés sucede lo contrario: la denominación de origen familiar se escribe en plural; así the Kennedys, the Sopranos o the Tudors, por citar algunos ejemplos televisivos. De modo que está claro, ¿no?: español, singular; inglés, plural… Código binario, bastante sencillito… Entonces, ¿por qué en cantidad de medios –por supuesto, también en Antena 3–, se empeñan, tanto por oral como por escrito, tanto anal como vaginalmente, en esa especie de spanglish o gang bang idiomático que un día y al otro también nos presenta a Los Simpsons?... ¿Por qué?... ¿Por qué?... Coño, parezco Mourinho.
lunes, 30 de enero de 2012
LA PIEL CABITO
La sinalefa, de pornográficas reminiscencias, consiste en la pronunciación en una sola sílaba de la vocal final de una palabra y la vocal inicial de la siguiente, y es un recurso de la métrica por el que, básicamente, a los poetas les salen las cuentas en sus endecasílabos y demás n-sílabos. Se ha dicho “pronunciación” y no “eliminación”, que es lo que sucede en la elisión, donde, así a la brava, se suprime uno de los sonidos vocálicos. Ambas –sinalefa y elisión– se confunden a menudo, cuando la diferencia entre ellas es la que hay, pongamos por caso, entre un pura sangre y un percherón, o entre las angulas y el surimi. Para entendernos, tú a un colega le puedes decir: “Tron, mas matao”… Y te quedas tan ancho. Pero si eres un locutor del telediario, se supone que no puedes permitirte según qué paletadas. ¿Derecho a la sinalefa? Todo el del mundo, por supuesto; tampoco tiene uno que convertirse en David Picazo –corresponsal en París de TVE–, que se esfuerza tanto en separar las palabras que hace verdaderas acrobacias con la lengua dentro de la boca, como si fuera el Aberroncho. Pero no me parece ni medio elegante ni un cuarto de profesional que Almodóvar haya sido premiado por La piel cabito, o que sindicatos y empresarios sayan reunido, o que mande huevos lo de Iñácur Dangarín. Perdón, don Iñácur, que es duque.
jueves, 15 de diciembre de 2011
EL PRODIGIOSO HOMO ALPINUS
Los veo a 8000 metrazos, colgados de paredes de hielo a más (o menos, según se mire) de 30º bajo cero, zarandeados por la ventisca y cegados por la nieve, y me pregunto de qué pasta están hechos, cuál es el secreto que les permite desafiar a la gravedad y a la muerte y salir indemnes de retos que superan los límites de lo humano. Mi amigo Juandi, que sabe un rato de estos seres de las cumbres (tanto de los que suben como de los que van a buscarlos cuando no bajan), me pone en la pista:
http://www.ideal.es/granada/20101215/local/granada/guardia-civil-participo-rescate-201012160005.html
¡Acabáramos! ¡Así cualquiera!... Ardo en deseos de conocer a alguno de estos prodigios y estrecharle la mano. Seguro que resulta estremecedor.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
IGNORANTES BRASILEÑOS
Es nuestro español un idioma de palabras llanas… Me refiero a las que lo son por su acentuación, es decir, a aquellas cuya sílaba tónica –sin ginebra, por favor– es la penúltima –y sigue pareciendo que estamos en un bar–: agua, soda, vino, caña…, las hay a patadas por toda la barra del diccionario. Y no sólo constituyen abrumadora mayoría, sino que, precisamente por eso, generan en los hablantes un impulsivo proceso de llanificación (o allanamiento, si se prefiere), sinónimo en lo mental a nuestro castizo “Ancha es Castilla” (que lo es por llana, claro). Fruto de esa pasión paroxítona, sacamos el rodillo y aplanamos lo que haga falta. Por ejemplo, la cresta de ese futbolista dizque prodigioso, ese mulato brasileño que responde al nombre de… Sí, venga, que está hasta en la sopa… Ni más ni menos que Néymar… Néymar por aquí, Néymar por allá… Algún periodista marciano ha puesto el oído para escuchar cómo lo llaman sus paisanos, y ha tenido el atrevimiento de hacerlo igual que ellos: Neymar… ¿Cómo? Pero ¿quién le ha dado el carnet de prensa a semejante incauto agudista, a tamaño traidor oxítono?... Neymar, a quién se le ocurre… Ah, ¿que es así como se dice?... Pero ¿qué sabrán esos ignorantes brasileños de cómo suena bien un nombre?... Y, si no, que se lo pregunten a Ártur Mas (el general MasÁrtur de los catalanes)…
miércoles, 16 de noviembre de 2011
DEJADECES
Según la RAE, dejar es lo que yo he hecho con este blog, más por pereza que por falta de clientela; es decir, “abandonar”. También, entre otros significados y usos como verbo auxiliar, equivale a “permitir”, “soltar”, “encomendar”, “ausentarse”… Esto era así cuando yo iba a la escuela, pero, en los últimos tiempos, hemos asistido, vía telediario –como Telefónica, ¿quién si no?–, a la ampliación del campo semántico de dejar. Quizás haya sido una derivación de uno de sus significados primigenios (“producir ganancia”) o quizás –por ésta me inclino– una ocurrencia, pero el caso es que un día sí y otro también los atentados, las catástrofes naturales y los accidentes dejan muertos. Nada tengo que objetar a que las palabras cambien sus significaciones o adquieran otras nuevas; eso lleva pasando desde siempre, es la vida misma de la lengua (la vida misma de la vida). Lo que me cabrea es el absolutismo mediático con el que la moda se ha extendido, hasta el punto de que dejar está condenando al ostracismo, en este contexto informativo, a los “vulgares” y ya tan vistos ocasionar, producir o causar. Como todo abuso, puede ser reducido al absurdo; por ejemplo, en la noticia según la cual, pongamos, el tsunami de Japón ha dejado equis mil muertos y equis mil desaparecidos, se ve razonable la tentación de preguntar ¿dónde?, sobre todo si se trata de éstos últimos, porque sus familiares lo agradecerían… Y, aparte, lo que a mí se me ocurre es que estos muertos son unos dejados, como yo con mi blog. Pero no volverá a pasar (me refiero a lo mío, claro).
viernes, 6 de mayo de 2011
ANTOLOGÍA 2010 (III): MEADAS TERRITORIALES
Resulta tirando a obvio que, muchas veces, el lenguaje se usa a modo de meadilla canina, esto es, para marcar territorio. Territorio gremial, quiero decir. Basta oír hablar a algunos publicistas: cualquier cosa menos cristiano. En la jerga bancaria, no se abre una cuenta corriente (con lo sencillo y clarito que parece), sino que se apertura, o incluso se aperturiza. Los políticos –qué ralea la suya– se afanan también, y mucho, en generar palabros de a cinco pavos. Y en el periodismo, que es lo que me suele ocupar, ya ni te digo: cualquier trifulca transita de inmediato hacia la batallacampal, bueno, mejor, auténticabatallacampal, que es palabra única. Como lo son los verbos biendecir (a quien Dios se la dé, San Pedro se la biendiga) o biencomentar, o la expresión comonopodíaserdeotramanera (usada casi siempre cuando sí puede ser de otra manera) o la socorridísima esosí, que algún día merecerá capítulo aparte. Todo a cuento de las noticias derivadas del accidente ferroviario de Árevalo-Arevalo-Arévalo (ya comentado no ha mucho), en el cual, cómo no, la máquina del tren se había convertido en un amasijodehierros. Allí mismo, a pie de obra, pudimos asistir al florido lenguaje de los carguillos de medio pelo de la pequeña o insignificante institución de turno, uno de los cuales se lanzaba con locuacidad feliz y surrealista a decir que los bomberos estaban “procediendo a liberalizar el cuerpo del maquinista”. Pobre, recién fallecido y tratado ya como un vulgar sector de la economía o como una empresa pública. Supongo que él y su familia estarían más tranquilos si lo pudieran, simplemente, liberar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





